sábado, 14 de julio de 2018

Recuerdos comprados en Egipto (2001)

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Recuerdos comprados en Egipto    (2001)


                                                                                             "El corazón del hombre necesita creer algo,                                                                                                     y   cree mentiras cuando no encuentra                                                                                                                          verdades en que creer"

                                                                                                                            María Zambrano



        En mi viaje por las tierras del Nilo me traje varios amuletos que tienen como misión dar suerte y espantar el mal. Estas creencias hay que relacionarlas con la magia y con los dioses. Fórmulas mágicas había en la antigüedad para todo, desde para enamorar a una mujer hasta para evitar la mordedura de serpientes y escorpiones, algunas conservadas en el Museo Egipcio de Turin. Podemos encontrarlas escritas sobre la piedra de algunas estelas, sobre estatuas, pergaminos o telas. Los rituales exigían el conocimiento del nombre de las personas, de los animales o de las cosas, pues las palabras siempre acompañaban a las prácticas mágicas porque las palabras de los ritos estaban dotadas de un potencial mágico absoluto. Escritas en las paredes de las tumbas, en estelas  o en los papiros, permanecerían vivas para toda la eternidad.

                                               Cartuchos de Ramsé II y Nefertari  


       Para confeccionar los filtros de amor se sacaba sangre del dedo corazón de la mano izquierda, posible antecedente del lugar de los anillos de compromiso.
        Cuando la medicina era incapaz de resolver una enfermedad, se recurría a  las palabras mágicas. Muchas letanías o frases se basan en la creencia de que las palabras poseen una gran influencia  sobre las curaciones. Los rollos de papiro con textos de magia eran custodiados en los templos por temor a se utilizados indiscriminadamente. El lugar adecuado para custodiarlos era la Cámara Secreta del dios Tot, el dios de la escritura y la sabiduría según el papiro Westcar. Hasta tal punto los antiguos egipcios estaban convencidos de la fuerza de las palabras que se borraba el nombre del indeseable.
        Mención especial merece la creencia en el llamado "mal de ojo" que sigue vigente en países mediterráneos. Donde yo vivo, en la provincia de Murcia, aún se puede ver un lazo rojo en la capota del cochecito de algún bebé. En la posguerra en Almería a mi hermana menor la llevaron a una señora que quitaba el mal de ojo. Concretamente iba dirigido a bebés y lactantes. Aunque se atribuía a los humanos, también podía proceder de las serpientes. Para combatir el mal el amuleto del ojo de Horus en el antiguo Egipto se colgaba al cuello o se llevaba en las muñecas, a lo que se añadían  conjuros mágicos. Además existía el uso mágico de los afeites, en los párpados para que el mal  no entrara por los ojos y en los labios para que no entrara por la boca.
             Uno de los amuletos más famosos es el del escarabajo pelotero que se solía poner sobre el corazón de los difuntos creyendo que tenían poderes regenerativos por la manera de procrear. Hacen una bola de estiércol con sus patas y entierran en ella los gérmenes de los nuevos escarabajos. Este talismán era imprescindible entre los objetos de las tumbas. Se han encontrado muchas variedades de escarabajos, en basalto, mármol verde, pasta de vidrio azul y porcelana. En su base llevan escritas fórmulas mágicas. Posteriormente se realizaron pectorales con grandes escarabajos con la barca solar. Yo compré varios para regalar y dos para mi en una pulsera.


   Durante el Imperio Nuevo, cuando los faraones se convirtieron en dioses, los animales llegaron a ser el centro de sus ritos religiosos y mágicos. De todos ellos, el gato fue el más venerado por sus cualidades protectoras. Además permitía que cada egipcio tuviera un dios en su casa. Los aullidos del gato se identificaban con las voces de los muertos, y eran imitados por los sacerdotes para convocar a los espíritus. Han aparecido gatos en las tumbas más ilustres, como una cabeza de gato en la de Tutankamón. Otros animales protectores como el chacal, el babuino, el halcón...daban forma a los tapones de los vasos canopes que contenían las vísceras de los momificados. Sagrados eran los carneros por encarnar una fuerza generadora y la potencia sexual. La vaca, vinculada con Isis y Hathor, disfrutó de un estatus especial. Los toros divinos eran amuletos vivos contra el mal, como el toro Apis de Menfis. Otro tanto podríamos decir de pájaros, roedores, monos, hasta de las serpientes,  los escorpiones y los cocodrilos  que poseían poderes sobrenaturales por lo que algunos reyes los llevaban como sobrenombre ( el rey-serpiente, el rey-cocodrilo).
      Otro amuleto mágico que me compré fue el " ank", la cruz ansada, símbolo de la fecundación de la tierra por el sol, especialmente la vida, la vida eterna. Los difuntos la llevaban en la mano para suplicar a los dioses la inmortalidad.





      Me hicieron dos cartuchos en oro para regalar y uno en plata para mi. EL cartucho egipcio o "shena" recibe el nombre del francés "cartouche" porque los soldados franceses de Napoleón le encontraron  parecido con el cartucho de munición que ellos utilizaban. El cartucho egipcio empezó siendo un símbolo solar y por eso era redondo. Lo rodeaba una cuerda con tres nudos unidos a una barra inferior que simbolizaba "todo lo que rodea al sol". Dentro escrito en jeroglífico iba el nombre del rey o reina.  Pero  se fue alargando cuando el nombre era compuesto y ya no cabía. Aquí el mío con mi nombre en jeroglífico imitando a los faraones.



     El papiro era el material típicamente utilizado como papel. Su fabricación procedente de una planta vegetal resultaba barata porque crecía  a orillas del río Nilo. El tallo se cortaba en finas láminas que, después de unidas y prensadas, se secaban al sol, tomando el definitivo color amarillo. En una tienda de Luxor nos enseñaron todo el proceso. Los mantenían enrollados en cilindros para protegerlos de la humedad. Compré dos para enmarcarlos como cuadros.
     Uno representaba la "sicostasia", el pesado del corazón. En la escena aparece a un lado Horus, al otro el difunto y en el centro la balanza en la que pesan el corazón Osiris y Anubis en un platillo, en el otro una pluma. Si mantiene el equilibrio, señal de las buenas obras realizadas en vida por el hombre. 
      Más enigmático es el del árbol del  sicomoro con cinco pájaros. Simboliza  el árbol de la vida, y de los pájaros los cuatro que miran  hacia la izquierda representan la infancia, la adolescencia, la juventud y la madurez. El que mira a la derecha simboliza la vejez. Curiosamente el que representa la madurez tiene las alas desplegadas.

       El recuerdo que más he disfrutado ha sido un sombrero para la playa, que sigo usando, con el alfabeto jeroglífico simplificado posiblemente para los turistas. La palabra jeroglífico viene de "ieros" (sagrado) y "glifo" (escribir, grabar). Pero solo una parte muy pequeña de la población del Egipto faraónico sabía leer este tipo de escritura. Todos hemos estudiado que fue Jean François Champollion quién descubrió el misterio de los jeroglíficos, con la ayuda de la lengua copta que conocía a la perfección y tras intentos de siglos anteriores. Con él nació la ciencia de la Egiptología que continuó su colaborador alemán Karl Lepsius. Los jeroglíficos se escribieron durante más de 4,000 años, desde aproximadamente el 3,000 a. de C. sufriendo diversas transformaciones: egipcio antiguo, medio, neoegipcio, demótico y copto (egipcio de la época cristiana). Esta escritura se compone de  signos que representan  personajes, animales, plantas, edificios, muebles, armas, instrumentos de culto y todos aquellos objetos que los egipcios tenían cerca y de una serie de reglas. La alineación podía ser horizontal o vertical, según las preferencias del escriba y la lectura  en horizontal podía ir de derecha a izquierda o de izquierda a derecha. Para saber la verdadera dirección hay que ver para que lado miran los personajes o animales. Si miran hacia la derecha leeremos de derecha a izquierda. Si miran hacia la izquierda leeremos de izquierda a derecha.
       El último texto jeroglífico conocido, inscrito en las paredes de un templo, es el  de Isis en Filé construido en 394 d. C.
      Uno de mis compañeros de viaje, estudioso durante años de la escritura jeroglífica, me regaló una gramática. He intentado varias veces aprender pero ante tanta dificultad he terminado tirando la toalla. De lo poco que recuerdo, lo más difícil es que un mismo signo puede ser una palabra, una sílaba o un sonido. Se distingue por el determinativo que lleva detrás.

    (Pensaba intercalar la foto del sombrero pero no he podido encontrarlo. O lo he perdido o me lo han quitado)                                                                                                                                                                             

domingo, 20 de mayo de 2018

El Nilo que yo vi en 2001

                                                                                                             
                                                                                                                                                                                                                         
                                                         El Nilo que yo vi en  2001

                                                                                                    "Egipto es un don del Nilo"
                                                                                                            Heródoto

           Si se ha dicho que todo en Egipto es monumental y grandioso, el río que lo atraviesa de sur a norte no podía ser menos, desde el lago Victoria al mar Mediterráneo, donde se divide en dos ramas: al este Damietta, al oeste Rosetta. Se divide en Nilo Azul (a su paso por Etiopía, Sudán y parte de Egipto) y Nilo Blanco (por Egipto). Es el más largo de África y el segundo del mundo tras el Amazonas.


           En un país donde predomina el desierto este río fue fundamental en el nacimiento y desarrollo de la cultura faraónica. No solo aportaba agua y alimentos sino que fue la principal vía de transporte. La vida de los antiguos egipcios dependía de sus crecidas que al anegar las tierras colindantes las hacía más fértiles. En los textos de las pirámides se recuerda cómo "los campos ríen cuando  las riberas se inundan". Las crecidas fueron anuales hasta la construcción de la presa de Aswan en 1902, ampliada en 1970. En esta parte encontramos la primera de las diez cataratas. Cuando nos acercamos a ver el obelisco inacabado íbamos pisando granito rosa, que recibe el nombre de "sienita" por ser Siena el antiguo nombre de la ciudad de Aswan.  Es una parte del río donde abundan las falúas, embarcaciones de altísima vela en forma de triángulo a las que el viento les sopla generalmente de  sur a norte, lo que les permite navegar sin motor. Nos dimos un delicioso paseo en una de ellas.


          El afán de venderles productos egipcios a los turistas lo comprobamos en Esna, cuando el barco tenía que maniobrar y esperar a que se abrieran las puertas de la esclusa. Es el momento en que unos vendedores en pequeñas embarcaciones aprovechaban para lanzarnos sus productos, manteles, toallas, chilabas...etc. con bastante puntería. Otros permanecían en los muros laterales a la esclusa.


          Una de las cosas que queríamos ver por el Nilo era los cocodrilos, que habían sido muy temidos por los egipcios a lo largo de la historia. Pero hoy prácticamente han desaparecido a causa de la presa. Se han ido desplazando hacia la parte del Sudán. Nosotros solo pudimos ver una cría que llevaba un hombre en la mano.


          El cocodrilo tuvo su protagonismo en la mitología egipcia, pues fue Sobeck, el dios cocodrilo  el que creó el fértil Nilo. Hapi era el dios del Nilo, al que se representaba con prominente barriga y pechos por ser generador de fertilidad y fecundidad. Se hacían festejos en su honor con himnos como este:
       "Tu eres quien hace celebrar fiestas en los templos... Cuando estás inactivo, se taponan las narices, todos se hacen pobres.... Cuando te desbordas ¡Oh, Hapi! se te hacen ofrendas".
          Relacionadas con el río están las serpientes, que además se encontraban en el desierto y en los establos. Por eso los antiguos egipcios las consideraban una amenaza. Aparecen en los jeroglíficos significando diosa. En el caso de la cobra decoraba la corona de los faraones para simbolizar el poder de la monarquía. En la entrada de los templos se pintaban como medida de protección.
          Pero nada daba más belleza al Nilo que las hileras de palmeras, algunas datileras, que dan color verde a sus riberas. Y más teniendo en cuenta que a pocos metros todo es desierto y color ocre. A veces me pasaba horas contemplando el paisaje desde el barco, en especial a la puesta del sol.


                                                                                                                                                                         Por el río Nilo se hacían procesiones solemnes en barcas de papiros, a remos y vela, Se transportaban los sarcófagos hasta las necrópolis de la orilla izquierda y muchos faraones se enterraron con sus barcas reales.

      En cuanto a los cultivos, a las orillas del río se producía avena, trigo y cebada. Así la base de la alimentación era el pan y la cerveza.. Para la industria textil era importantísimo el lino. Entre las frutas destacaban los dátiles y los higos. En los bajorrelieves podemos apreciar cómo se realizaban las faenas del campo y en especial la vendimia. De los peces que aparecen en los relieves antiguos casi la mitad se extinguieron a partir de la construcción de la presa de Aswan. De los que quedan es muy valorada la perca. Junto a la presa hay muy poca población, pescadores nativos, pastores de camellos y ovejas que pudimos ver por las orillas.

      Aún queda viaje, Constanza, pero ya poco.                                                                                                                                                                                                                                            

lunes, 14 de mayo de 2018

Dos cruceros por Egipto

                                                                                                                                                                                                           Dos cruceros por Egipto       ( 2001)
                                                                                                     
                                                                                  "Laudator temporis acti"  (alabanza de los
                                                                                   días pasados)
                                                                                                                                Arte Poética.
                                                                                                                                       Horacio
     
             Mira, Constanza, ya tengo aquí el cuarto capítulo de mi viaje a Egipto. Este se limitará a contar la parte de los dos cruceros, el primero por el Lago Nasser y el segundo por el Río Nilo.            
                Procedentes de Barcelona aterrizamos en Aswan para embarcar en el "Prince Abbas"


con el fin de realizar un crucero de cuatro días por el Lago Nasser. Antes de eso nos hicieron un recorrido por la ciudad de Aswan y nos detuvimos en el monumento a los rusos por su cooperación en la construcción de la presa, el obelisco inacabado en el suelo rosa de granito y el muro que separa la presa antigua de la nueva.


        El Lago Nasser o Presa de Aswan tiene 500 km de longitud y de 15 a 30 km de anchura. En las riberas desierto, desierto y más desierto de arena. Sahara significa desierto en lengua árabe.
        El "Prince Abbas" era una embarcación moderna que disponía de todas las comodidades, buen servicio de cocina, piscina, música folklórica a cargo de jóvenes y bellos camareros nubios de piel achocolatada, juegos, biblioteca, el té de las cinco, cenas en cubierta... y un camarote cómodo y fresco, con buen aire acondicionado. Como soy muy calurosa solía ponerlo a 14 grados. Tenía algo enormemente original, los cristales de la ventana y de la puerta exteriores que daban a un corredor que recorría el barco y por el que deambulaban los pasajeros. Desde fuera eran espejos donde las chicas se miraban al pasar y por dentro eran transparentes, así que nosotros veíamos a la gente pasar aunque estuviéramos en "paños menores". Me recordaban los espejos de las comisarías de las películas americanas donde los polis observaban a los detenidos sin ser vistos.
       Realizábamos paradas para visitar los templos salvados de las aguas de la presa y volvíamos a comer al barco. El primer día me levanté muy temprano para ver amanecer y la salida del sol por el desierto porque me lo habían recomendado como algo espectacular. Pero el sol sale igual en todos sitios.
       Siempre que salíamos del barco nos acompañaba un policía con metralleta. Nos reíamos porque ignorábamos los problemas de terrorismo que habían sufrido algunos turistas. Y en menos de un mes ocurrió el trágico suceso de las Torres Gemelas de Nueva York. Estaba justificada la policía específica para proteger a los turistas.
       Una noche recibimos una sorpresa muy bonita. Los tres barcos que navegábamos juntos atracaron cerca de la orilla, apagaron las luces y se iluminaron los templos. En pocos minutos  empezó a sonar la música de los coros de la ópera del Nabucco de Verdi. ¡Momento mágico! Es en el tercer acto cuando los judíos reclaman su independencia tras ser sometidos a la esclavitud por Nabucodonosor, rey de Babilonia,  y que se convirtió en un icono del ideal de independencia en la Italia del siglo XIX.     
                                                    "Va, penseiro, sull·ali dorate;
                                                    va, ti posa sui clivi, sui colli...."
                                                    (Vuela, pensamiento, en alas doradas,                                                                                                          vuela y asiéntate en las laderas y las colinas...)

     Terminamos tumbados en las hamacas de la piscina mirando el cielo cuajado de estrellas "africanas" y fumando shishas de frutas.
      La última noche desayunamos a las tres de la madrugada para salir en unas barquitas a modo de pateras, a oscuras, con nuestro guardia de seguridad hacia el aeropuerto, pequeño y plagado de mosquitos. Volamos hasta Aswan para embarcarnos en el "Ramsés, King of Egypt " rumbo al norte. Pero antes dimos un paseo en faluca, embarcación típica del país con una alta vela.

                                  

Durante el recorrido nos detuvimos ante el famoso Hotel Old Catarat donde Agatha Christie escribía algunas de sus novelas y donde se rodó la película "Muerte en el Nilo", basada en una de ellas. Pasamos junto a la colina  del mausoleo del Aga Khan y rodeamos la isla de Kitchener, mientras unos niños nos acompañaban en pequeñísimas, donde solo cabía uno, para que les echáramos algunas monedas.  El Aga Khan fue un famoso imán chiita casado con la Begún.
        Este barco era más lujoso que el anterior pero más antiguo. Nuestro camarote constaba de dormitorio y salita de estar con sofás y con un ventanal al río. Solo tenía un problema, que por estar próximo a los motores el ruido no nos dejaba dormir y nos pasábamos la siesta en el salón de té contemplando el bello paisaje de las riberas llenas de miles de palmeras, viendo a mujeres lavando la ropa como antiguamente, los niños bañándose y los hombres pescando a base de golpes de palo. Fuera se alcanzaban los 50 grados. Cuando volvíamos al camarote nos encontrábamos las toallas convertidas en un animalito diferente. El que más me gustó fue el cocodrilo.

 
        Por las noches, tras la cena había una fiesta diferente. En la de la noche árabe estrené la chilaba que me había comprado en Edfú y el velito con moneditas doradas para la cabeza.


                                  
    Otra de las fiestas correspondía a la danza del vientre que ejecutaba una joven bailarina, entradita en carnes. Es una danza muy popularizada en el mundo musulmán que puede ser una evolución de diversas danzas tradicionales antiguas de Oriente Medio. Destaca por la música, los ritmos, el vestuario y en especial por los movimientos de la pelvis.

                          

        La tercera noche nos presentaron un espectáculo derivado de los derviches en el que jóvenes vestidos con coloreadas faldas de capa daban vueltas y vueltas, sin marearse. Los auténticos derviches tienen su origen en el siglo XVI en Turquía. Antes de danzar se quitan la capa negra que significa la tumba y se quedan vestidos de blanco, la mortaja. Con la mano derecha hacia el cielo y la izquierda hacia la tierra, van girando su cuerpo soñando que son astros errantes que buscan a Dios. Se unen el misticismo y el folklore. Derviche significa "camino al portal", "el que busca la puerta".



       Para llegar a Esna tuvimos que bajar 8 m por la esclusa. Era la primera vez que sentía esa sensación,  como si el barco fuese un ascensor.
        El crucero terminaba en Luxor y se acumulaban tantos barcos en la orilla  que se amontonaban en paralelo dejando abiertas las puertas de manera que llegábamos a tierra.




        Acaso continúe.....


domingo, 6 de mayo de 2018

TUMBAS Y TEMPLOS FARAÓNICOS

                         Tumbas y templos del Egipto faraónico


                                                               "No pases la noche pensando en el día siguiente.                                                                                       ¿Qué será mañana al levantarte el día ?                                                                                                    El hombre ignora lo que será mañana."
                                                                                                                                                                                                                                                        Amenopé  (papiros  Chester Beatry)


      Como le había prometido a mi amiga Constanza  aquí está el tercer capítulo de mi viaje a Egipto. Lo dedico a los templos y tumbas que yo vi, que por supuesto no son todos pero que me maravillaron a pesar de que ya iba preparada por mis estudios en Arte. Una de las principales características del arte faraónico es la grandiosidad, la monumentalidad de templos, tumbas y estatuas, construidas con un estilo artístico que expresa la obsesión de los antiguos egipcios por lo eterno. Es la expresión de una religiosidad que cree en la resurrección, en otra vida más allá de la muerte. Para ello era necesario utilizar un material imperecedero, y así, las primitivas construcciones de adobe se fueron sustituyendo por la piedra. Abundan los sillares enormes, las pilastras y las masas de mampostería. Todo pensado para durar.
        Los arquitectos gozaban de situaciones importantísimas. Tomemos dos ejemplos: el constructor de Deir el Baharí, el favorito de Hatchepsut, que se atrevió a poner su efigie con su nombre en el templo funerario de la reina y Tutmosis, cuyo nombre aparece en el busto de Nefertiti que se conserva en Berlín.
        Los primeros templos que contemplamos fueron los rescatados de las aguas de la presa de Aswan durante los cuatro días de crucero por el ya Lago Nasser a bordo del "Prince Abbas". El primero de los dieciocho monumentos trasladados bloque a bloque a más altura para no ser anegado por las aguas del Nilo fue el templo de Kalabsha, dedicado al dios nubio  Mandulis. Es de estilo ptolemaico, conserva los capiteles corintios y en el que Augusto  prohibió dejar entrar a los cerdos. Un relieve llamó mi curiosidad porque Horus aparece representado con cabeza humana y cuerpo de halcón, al revés que en los demás templos, probablemente por influencia griega. En él se encuentran inscripciones de escritura meroítica  (de Meroé, ciudad del Sudán ) aun sin descifrar.
         Muy cerca nos encontramos con el templo de Beit el Wali que significa "Casa del hombre santo" por haber sido usado por un eremita cristiano. Fue construido por Ramsés II, que está representado cargando contra los nubios, pisoteando a sus enemigos, cogiéndolos por los pelos con una mano y golpeándolos con la otra. En la cercanía el Kiosko de Kertassi para rendir tributo a la diosa Hathor en cuyos capiteles se la representa con orejas de vaca. Junto a otros templos formaba parte de la ruta procesional que seguía la imagen de la diosa Isis desde Philae por todo el norte de la baja Nubia.

                                   

          Un  poco más lejos  se sitúa el templo de Wadi el Sebou, también llamado "Valle de los leones" por las esfinges  de leones que flanquean la entrada. El patio central aparece adornado con estatuas de Ramsés II en forma osiríaca (con la barba levantada). Ese mismo día también visitamos el templo de Dakka consagrado a Thot, dios de la sabiduría, representado en forma de mandril, y el templo de Maharrada, de estilo greco-latino, consagrado a Serapis (una fusión entre Osiris y el toro Apis). Ptolomeo le aplicó atributos griegos y forma humana con el gorrito característico de los sacerdotes egipcios.

     Al día siguiente llegamos a Amada,  al templo de Derr, construido por Ramsés II en honor del sol naciente y la tumba de Pennut, famoso gobernador de Nubia, soportando un calor abrasador. Todavía nos quedaba una parada, la fortaleza de Karr Ibrim. Como en las anteriores salidas, bajamos a tierra por una estrecha tabla de madera sobre la que apenas sosteníamos el equilibrio. Regresamos sudando, pero nos recibieron en el barco con vasos de hibisco rojo bien caliente y toallas impregnadas de vapor bien caliente también. Aceptamos la primera vez  pero al recogernos en las siguientes salidas nos fuimos derechos al camarote a la ducha fría.

     El momento más emocionante fue la llegada a Abu Simbel. Nos sentamos todos en la proa para ir viendo los templos lentamente, primero pequeñitos y luego cada vez más grandes. ¡Qué impresionantes los colosos de Ramsés! En las paredes de la rampa de entrada los relieves representan a un lado a los esclavos asiáticos y al otro a los esclavos africanos, reconocibles estos últimos por los pendientes de aros. En el interior, relieves de la batalla de Qadesh contra los hititas en la que el faraón aparece con el "pseu", la doble corona, la blanca del Alto Egipto y la roja del Bajo Egipto. En lo más profundo, en lo más oscuro, Ramsés está sentado como uno más de los dioses junto a las figuras de Ra, Ptah y Amón. Y hasta allí penetra el sol al empezar el equinoccio de primavera y el de otoño.


         Menos monumental resultó ser el segundo templo, dedicado a una de las esposas de Ramsés, Nefertari. 

      En avión llegamos a Aswan para embarcar en el "Ramsés II, King of Egypt" y realizar un crucero de tres días por el Nilo. La primera parada fue en la orilla derecha en el templo de Kom-Ombo, de estilo greco-romano, dedicado a Sobeck, dios cocodrilo y a Haroeris, dios antiguo de la luz. Allí se encuentra el nilómetro, una especie de pozo que medía la subida del agua del río durante las inundaciones. Curiosos son los relieves de instrumentos quirúrgicos que atestiguan la avanzada cultura médica de los antiguos egipcios. En la calle nos vemos sorprendidos por un encantador de serpientes, que al hacer sonar su instrumento lograba que saliera  la serpiente de la cesta.

       Uno de los mejores templos conservados es el de Edfú. El segundo más grande después del de Karnak. Representa la típica construcción de pilonos, patios, dos salas hipóstilas, cámara de ofrendas, sala central y santuarios. En la parte exterior, entre el templo y el recinto amurallado, los relieves con inscripciones de temas religiosos. En el interior, en el patio, hay dos grandes halcones de 3,2 m de altura coronados con la doble corona del Alto y Bajo Egipto porque está dedicado a Horus. El mito de este dios es el del sol naciente que derrota a las fuerzas de la noche. Por otra parte se representa a Osiris en forma de hombre con los símbolos de la realeza, el cetro y el látigo. Habíamos accedido a este templo cruzando a la otra orilla del río y desplazándonos por la ciudad en calesas.
                                               
        Al otro día llegamos a Deir el Bahari, más que un templo es un hipogeo excavado en la roca, con una fachada construida en forma de terrazas de grandes dimensiones, con hileras de columnas unidas mediante rampas. Predomina la decoración de las fiestas en honor de Hathor, la diosa vaca que aparece en los capiteles con cara de mujer y orejas de vaca. Fue el lugar elegido por la reina Hasepshut para su mausoleo. El paraje es espectacular, como el de una caldera volcánica rodeada de altas colinas. Deir el Bahari literalmente significa "el convento del norte" y está situado frente a la antigua ciudad de Tebas.
                                

        Continuamos por la orilla izquierda del Nilo en autobús haciendo varias paradas. La primera ante los colosos de Memnón, únicos restos del templo de Amenhotep III. Uno de ellos, el Coloso parlante, es famoso porque de él salían unos sonidos que dieron lugar a leyendas, aunque se descubrió que obedecían a causas naturales de la variación de temperatura en las piedras. Cuando yo los vi, en 2001 eran dos estatuas sentadas de unos 18 m de altura que presidirían la entrada del templo. Posteriormente se han encontrado más, algo más pequeños, que están en restauración. La segunda parada fue en el Valle de los Reyes. Entramos en varias tumbas comprobando como se conservan la mayor parte de las pinturas. Me detuve en una que representaba la "sicostasia", pesaje del corazón del difunto; en un lado de la balanza el corazón y en el otro una pluma de ave antes de entrar en el reino de los muertos. Si la balanza no mantiene el equilibrio hay que esperar los castigos. La tercera  en el Valle de las Reinas.
        Por fin llegamos al esperado templo de Luxor  en el que participaron diferentes faraones, con sus dos altas estatuas delante del pilono. Estaban acompañados por dos grandes obeliscos de los que solo queda uno, el otro luce en la Plaza de la Concordia de París. Todo es monumental y las columnas, con los capiteles de flor de loto cerrada (lotiformes), otras con flor de papiro abierta (papiriformes), o con la flor cerrada (campaniformes). Se llega a través de la avenida de las esfinges.



Por la tarde, ¡ a las cuatro !, con un calor de muerte, entramos  en el templo de Karnak por la avenida de los carneros en doble fila. Es el gran templo del Imperio Nuevo. Para su construcción trabajaron más de 80.000 personas entre sacerdotes, guardianes, obreros y campesinos. Consta de cuatro patios, diez pilonos, salas hipóstilas, el lago sagrado y varios edificios.  Tras el primer pilono se accede al primer patio. Tras el segundo se llega a la parte más importante, la sala hipóstila con 134 columnas de 20 m de altura. Hicimos la experiencia de cogernos de las manos los nueve de Lorca y rodear la base de una de las columnas. Daba justito. Tras el tercer pilono el obelisco de Tutmosis I. Entre  el cuarto y el quinto Hatshepsut erigió dos obeliscos, con inscripciones en jeroglífico, uno de  ellos todavía está en pie con  30 m de  altura. Entre el quinto y el sexto la sala hipóstila de Tutmosis I y los colosos reales.  Más hacia el interior el lago sagrado cuya agua santa permitía purificarse a los sacerdotes antes del oficio. Nos recomiendan dar siete vueltas alrededor de una baja y gruesa columna sobre la que descansa un escarabajo  sagrado para obtener buena suerte.
          Desde El Cairo nos dirigimos a la pirámide escalonada de Sakkara y al resto del complejo de templos y tumbas de Zoser, cuya puerta de entrada conduce a un camino procesional formado por 20 columnas acanaladas, adosadas a pilares. En la tumba de Mereruka nos fijamos en la falsa puerta por donde tenía que salir el alma del difunto desde la cámara funeraria para dirigirse a las "estancias superiores". Mereruka fue visir del faraón Teti y supervisor de los sacerdotes de la pirámide entre otros muchos cargos. Son muy interesantes los relieves porque muestran la vida cotidiana de Egipto, con escenas de escribas, caza, pesca, agricultura, ganadería y diferentes tipos de animales. Próxima a Sakkara está Menphis, capital del Imperio Antiguo, en cuyo museo pudimos contemplar la gigantesca estatua de Ramsés tumbada en el suelo. En el exterior una esfinge menor de tamaño que la de Giza.
    ¡ Y qué decir de las pirámides de Keops (de 146 m de altura), Kefrén ( de 143,5), Micerinos ( la más pequeña) ! La primera estuvo recubierta de piedra pulimentada. Construidas con grandes bloques de granito, las terminaban con una punta de oro. Teniendo en cuenta que los egipcios no conocían la rueda, el traslado  de los bloques de piedra se realizaba en trineos, mojando el terreno por donde se deslizaban. Se utilizaban rampas de arena que iban aumentando según iba subiendo la pirámide. Son construcciones cerradas, sin puertas. Se entraba para no salir, por tratarse de un recinto funerario que responde a la creencia religiosa de otra vida después de la muerte. En los descubrimientos arqueológicos de 2002 encontraron la ciudad de los trabajadores cerca de las pirámides. Había huesos de hombres y mujeres al 50% , también de niños, animales, restos de comida, espinas de pescado y semillas. Los trabajadores recibían como paga sal, trigo y cebada. Todo ello vino a demostrar que no fueron esclavos los egipcios que construyeron las pirámides, como dijo un escritor griego de la época y que después difundirían las grandes producciones de Hollywood. Junto a las grandes las pequeñas pirámides de las reinas.



                                 

            Y por último  terminamos con la Esfinge, monumental escultura con cabeza humana  con el "nemes", toca característica egipcia, probablemente del faraón Kefrén, y cuerpo de león, de 20 m de altura. Fue moldeada en una roca del propio terreno, solo la cabeza y las patas fueron añadidas. Representa el poder del león  junto a la  fuerza de la inteligencia y su función es la de guardián.

Continuará.....

sábado, 28 de abril de 2018

EL Cairo



                                                      EL CAIRO  2001
                                                                                                "Cuatro mil años nos contemplan"
                                                                                                                     Napoleón Bonaparte

         Le había prometido a mi amiga Constanza un relato sobre mi estancia en la capital de Egipto dentro de un largo viaje que incluía dos cruceros, uno por el Nilo y otro por el Lago Nasser con visitas a ciudades y templos.
          El Cairo, con más de veinte millones de habitantes, es la ciudad más poblada de África, y por estar plagada de mezquitas lleva el sobrenombre de "La ciudad de los Mil Minaretes".
          Llegamos en avión procedentes de Luxor y nos dirigimos al Hotel Le Meridien Piramids de 5 🌟, a 1 km. de las pirámides pero a 13 Km. de la céntrica Plaza Tahrir o Plaza de la Liberación, donde tienen lugar todas las protestas ciudadanas.

Vista de las pirámides desde el Hotel
        Dejamos las maletas en la puerta y nos fuimos a comer a un restaurante cercano llamado "Cristos" en cuya entrada una mujer cocía panecillos ácimos en un pequeño horno moruno. Comimos, entre otras cosas, pescados del Mar Rojo y el típico "humus" de los garbanzos triturados en forma de una rica salsa.
      
       Con todo el calor de las dos de la tarde visitamos las pirámides. Me parecía un sueño, sí, un sueño maravilloso que jamás pensé que podría realizar. Mira, Constanza, cómo levanta la cara con  orgullo el camello. No es porque me lleve a mí, sino porque es "consciente" del lugar en que se encuentra. Puede que estuviera mirando a la Esfinge, palabra que viene del griego y que el árabe transformó con el significado de guardián (¿de las tumbas?).  La gran estatua tiene cuerpo y busto de mujer con su "nemes" cubriéndole la cabeza, cuerpo de león y alas de ave. Mide 57 ms. de longitud y 20 de altura. Mira hacia el este, por donde sale el sol.  Volvimos al hotel a deshacer las maletas con intención de cenar allí, pero no nos aclaramos con el inglés y salimos a buscar un restaurante por los alrededores. Encontramos un "Felfela" que es una buena cadena de restaurantes egipcios.

Junto a mi camellero

      El día siguiente por la mañana lo dedicamos a una excursión por Sakkara y Menphis, y por la tarde un recorrido en el autobús por los diferentes barrios de El Cairo. Cenamos en el más famoso de los Felfelas, el I, y para rebajar la comida nos propusieron un paseo por el bazar Khan el Khalili, posiblemente el más grande mercado del mundo, mayor que el Gran Bazar de Estambul. Conforme caminamos por las angostas callejuelas repletas de gente percibimos el bullicio de los vendedores. En un momento dado mi marido, despistado como el de Constanza, se coge del brazo de una señora creyendo que era yo. Me dio tal ataque de risa que  no podía sacarle de su error. Todos seguíamos a nuestro simpático guía, un joven llamado Abbas -que había estudiado español en nuestro país y que nos insistió en no confundir con nuestras "habas"- hasta el famoso café Fishawi (café de los helados), que se conoce más como Café de los Espejos. Es el centro de los intelectuales egipcios donde escribió alguna de sus obras el Premio Nobel de Literatura  egipcio Nagib Mahfuz. Data este lugar de 1773 y presume de no haber cerrado desde entonces ni de día ni de noche. Llegamos más de cien personas para acoplarnos en un espacio limitadísimo, pues tiene la forma de un pasillo de unos dos metros de ancho, con unas sillas que "fueron" de rejilla. Cuando ya parecía que no cabía un alfiler los camareros nos levantaban y con  unos centímetros por aquí y otros por allí metían una silla. En el espacio que ocupaban dos acabamos metiéndonos los nueve de Lorca, ¡ vamos, que ni el camarote de los Hermanos Marx! Además había que dejar sitio para las mesitas con bandejas de cobre para los tés. Los camareros se gritaban entre sí como si discutieran acaloradamente. Sin espacio material pasaban de un lado a otro con las bandejas cargadas de teteras, vasos, zumos y agua. Cualquiera pensaría que ya no cabía nada más. ¡Craso error! A continuación venían las "shishas", pipas de agua, y empezaba un ir y venir  de esa especie de serpientes coloreadas que iban de boca en boca llenándolo todo de mil aromas afrutados de tabaco.

Yo me atreví con una de manzana. Los camareros acudían con unos cacillos agujereados, llenos de brasas humeantes, para estar continuamente reponiendo el calor de las pipas y que no se apagasen. El ambiente se iba caldeando  porque el humo hacía irrespirable un espacio cuya temperatura no paraba de subir. Estábamos en agosto. Miraba a mi alrededor y yo dándole al abanico hasta el límite de mis fuerzas, veía a todos mis amigos sudando. Todo esto podría verlo en los grandes espejos que cuelgan de las paredes si no hubieran estado empañados. El olor, el humo,  el calor y el ruido formaban una mezcla tan explosiva que  hubo momentos que creí desfallecer. Me consolaba pensando que fuera la situación sería diferente y decidimos a base de mucho encono sacar nuestra mesita y las sillas a la calle. ¡Qué va! la anchura de la calle era de unos 3 m. y  en ella se amontonaban los puestos de souvenirs mientras la gente deambulaba para acá y para allá. Observamos el paso de vendedores ambulantes de relojes, carteras y todo tipo de objetos. De pronto me sorprendió un vendedor de animales disecados que levantaba una zorra de ojos brillantes. Por mi lado pasaba una mujer que nos quería vender yoyós iluminados. Había vendedores de todas las edades pero a mí me conmovió una niña de 9 años que nos ofrecía un paquete de clínex por una libra. Le di la libra y le dejé el paquete de clínex. Mientras tanto el tabaco y el güisqui que llevaban escondido los excursionistas disimuladamente para añadírselo al té  empezó a hacer su efecto desatando las lenguas con todo tipo de canciones más o menos obscenas, y hasta se lanzaron a bailar. Algunos no aguantaban más y se marcharon de compras por el mercadillo. ¡QUÉ ALIVIO!
      El bazar del Khan el Khalili es un mercado milenario que nunca duerme. Consta de más de 900 puestos con la más variada gama de objetos, desde especias hasta escarabajos de la suerte. Eso sí, hay que saber regatear y moverse por ese laberinto de callejuelas. Volvimos al hotel en taxi.
      A la mañana siguiente tocaba la visita al Museo de Antigüedades Egipcias. Tras las espera en una larga cola nos dimos de frente con la Piedra Rosetta, que toma su nombre de la ciudad egipcia donde se encontró en 1799 esta piedra de basalto negro, escrita en jeroglífico, demótico y griego, que permitió a Champolion el descifrado de los jeroglíficos tantos siglos considerados un misterio. El texto da noticia de un decreto de los sacerdotes de Menphis y corresponde al 196 a. de C. Pero era una réplica ya que para ver la auténtica tuve que hacer un viaje al Museo Británico de Londres unos años más tarde
     
        Yo tenía mucho interés en contemplar las esculturas que había estudiado mejor en el instituto que en la carrera  con aquella magnífica profesora que se llamaba Carmen Rey, pues sabía que no teníamos tiempo de verlo todo. Preguntando, preguntando -que las "profes" somos muy preguntonas- di con: El alcalde, que recibe ese nombre por llevar una vara en la mano; El escriba sentado, más pequeño que el del Louvre; el tesoro de Tutankamón, maravilloso, en especial la máscara, de la que me compré una pequeñita para mi colección; los retratos de la época romana pintados sobre los féretros, de un moderno realismo, encontrados en El Fayum; los canopes de alabastro donde se guardaban las entrañas de los momificados y la estatua de Akenatón, ese faraón con el síndrome de
Marfan, de ojos achinados y rostro delgado, cuyas anchas caderas le dan un aspecto afeminado (posible lipodistrofia muscular). De su esposa Nefertiti hay una bella cabeza, nada comparable con la extraordinariamente elegante que vi en Berlín.
      Por la tarde volvimos al Khan el Khalili a comprar camisetas para los nietos. Llegamos hasta la mezquita de Al Hussein, en cuyo mausoleo están depositadas las reliquias del hijo menor del Profeta, mártir de los chiitas. No se podía entrar porque había culto, pero nos sentamos en el bar de enfrente. Costó dios y ayuda conseguir una cervezas, aunque al final nos las trajeron de un hotel cercano, eso sí a precio de oro.
     No puedo olvidarme del tráfico tan caótico que había en esta urbe. Las pocas señales no se respetaban, por el contrario lo que primaba era el claxon. El primero que pitaba pasaba, lo que suponía un estruendo de pitidos muy considerable. A esto hay que añadir los lentos carros tirados por burros y los camellos. Milagrosamente no se producían accidentes.
       El último día algunos lo aprovecharon para ver Alejandría, nuestros amigos de Lorca se quedaron descansando en la piscina y yo hubiera deseado ir al Mar Rojo pero nadie más se apuntó. Mi marido y yo nos fuimos solos a la Ciudadela de Saladino con un taxista del hotel que apenas entendía inglés. Bastó el lugar y la hora de recogida. Es una magnífica fortaleza elevada sobre la gran planicie de la ciudad que incluye la Mezquita de Alabastro mandada construir por Mohamed Alí. El color blanco de sus cúpulas de alabastro le dan el nombre. Se construyó en el siglo XIX al estilo de las mezquitas de Estambul. Para entrar me tuve que poner un gran manto blanco que me cubría todo el cuerpo y  descalza. Ya sabéis aquello que decía Cervantes: "donde fueres haz lo que vieres". Lo mejor, las maravillosas vistas de la ciudad. En un edificio lateral está lo que fue residencia del último rey, Faruk, donde pudimos ver el reloj de pared regalado por Francia como recompensa por el obelisco que Egipto obsequió al país galo y que hoy luce en la Plaza de la Concordia de París.

        La tarde la pasamos en la piscina del hotel contemplando las pirámides, después en la tienda de recuerdos para agotar las monedas. Compramos de todo, papiros pintados para cuadros, escarabajos de lapislázuli, señaladores de libros, una pulsera y no sé cuantas cosas más. Terminamos comiéndonos unos pasteles en el hall mientras se celebraba una boda musulmana, probablemente de clase alta, por la indumentaria de los invitados. A los novios les tiraban monedas en vez de arroz.

        Recuerdo ese viaje como uno de los más interesantes que he podido hacer en mi vida. Conservo la chilaba que me compré para una fiesta árabe como una joya. Pero lo que me llamó enormemente la atención fueron las "modernas" sandalias doradas de Tutankamón con la tirilla entre los dedos, como las que llevo a la playa.
     
       Este viaje, querida Constanza, da para muchos relatos, los templos, los cruceros, el paisaje, el Nilo, la gastronomía, que abordaré  más adelante...

viernes, 13 de abril de 2018

Ramsés y la barca sagrada

    Ramsés y la barca sagrada

                                                                                                Dedicado a mi amiga " Constanza",
                                                                                                que es muy viajera...
 
      A las procesiones bíblico-pasionales de Lorca (Murcia) el Paso Azul ha incorporado el grupo egipcio de Ramsés en una barca solar llevada en andas por esclavos. Este ha sido el motivo que me ha llevado, entre otros, a investigar sobre este faraón.
      La barca solar es un elemento simbólico egipcio vinculado al ciclo del Sol, que cada mañana aparece por oriente y desaparece al ocaso por occidente. Comparado con el ciclo de la vida y la muerte, otra barca lo llevaría en un viaje subterráneo desde el anochecer hasta el amanecer para renacer de nuevo. Recordemos que todavía hoy decimos "salir el sol" y "ponerse  el sol", aunque sabemos que es un anacronismo y que quien se mueve es la Tierra. El dios Ra (el Sol) efectúa este viaje en barca, algo propio de una civilización fluvial en la que el río Nilo es no solo vía de comunicación sino fuente de alimentos. Para las divinidades los egipcios  organizaban grandes fiestas en las que los dioses eran transportados en barcas, e incluso en andas en forma de barca (como un dios en su barca desfila Ramsés en la procesión lorquina). El ritual mortuorio consistía en atravesar el Nilo con el difunto en una barca semejante a la de Ra, porque los egipcios de la antigüedad creían que el viaje de los difuntos en las barcas sagradas haría que sus almas vivieran eternamente.

     
      De los distintos faraones que llevaron el nombre de Ramsés nosotros nos referimos a Ramsés II, perteneciente a la XIX dinastía (siglo XIII a. de C.) e hijo de Seti I, a quien desde joven acompañó en sus campañas militares destacando posteriormente como un rey guerrero. De todas sus hazañas la más famosa fue la batalla de Qadesh al norte de Siria en el quinto año de su reinado con el fin de acabar con los frecuentes ataques hititas. El faraón con su ejército cayó en una emboscada aunque logró huir. Pero ya no pudieron tomar la ciudad hitita. Según los historiadores la cuestión quedó en tablas a pesar de que Ramsés se esforzó en que apareciera como una gran victoria egipcia y así está grabada en los relieves de los templos. Se utilizaba el relieve inciso, mucho más rápido y fácil que el altorrelieve o relieve real. Este faraón tenía una auténtica obsesión constructora y, aunque no levantó ninguna pirámide, decenas de monumentos a lo largo del Nilo dan fe de que fue el rey más famoso de Egipto y el templo más popular el de Abu Simbel, dedicado a los dioses Ra, Ptah, Amón y a él mismo como dios. Su nombre significa engendrado por Ra. En algunos relieves aparece amamantado por la diosa Isis porque estaba convencido -y quería convencer a los demás- de su origen divino.

     
      Para los egipcios el nombre era algo más que un signo de identidad, formaba parte de los cinco componentes esenciales que integraban al individuo. Aparecía escrito en jeroglífico dentro del cartucho. La propia magia del nombre bastaba para que, al ser pronunciado, se hiciese revivir a quien lo ostentó en vida. Ramsés siempre tuvo muy presente este principio religioso. En cuanto a su físico era inconfundible: labios carnosos, nariz aguileña que termina con una barbilla prominente y ojos rasgados no muy abiertos como escudriñando cuanto acontecía. Un rasgo de su egocentrismo radica en que, con una larga vida de más de 80 años, todas las estatuas lo representan en su juventud. Quizá por ser el más conocido de los faraones hay datos de sus decenas de reinas, concubinas y cientos de hijos, lo que le ha dado fama de mujeriego. Sin embargo la más querida  parece haber sido Nefertari ( de nefer, bella), Gran Esposa Real, que en el segundo templo de Abu Simbel su imagen es del mismo tamaño que la del faraón, algo inusual en Egipto.

            
      La prosperidad económica hizo que su reinado fuera una época de esplendor. Desde  el principio sintió una especial inclinación por Nubia (de nub, oro), país del oro por excelencia, considerado la carne de los dioses. Trasladó la corte primero a Menfis y después al delta del Nilo, alejándose de Tebas y del poderoso clero de Amón, especialmente de su sumo sacerdote. Tras 66 años de reinado murió y fue enterrado en el Valle de los Reyes (tumba KV7). La gran innovación operada en el Imperio Nuevo en lo concerniente a la funeraria real, consistió en separar el templo de culto  y ofrenda al Ka (la esencia vital) del faraón muerto, de su momia. Había que ocultar la tumba, por temor a  los ladrones y se buscó para ello un lugar apartado y seguro, no muy alejado del valle. Así nació el Valle de los Reyes al que llamaron "la gran pradera".
      Ya iniciado el siglo XXI emprendí un maravilloso viaje a Egipto y desde entonces o quizá antes, me atrapó la cultura faraónica, hasta el extremo que me puse a estudiar la lengua de los jeroglíficos con una gramática que me regaló un egiptólogo que llevábamos en la excursión, además de pasar a formar parte de la Asociación de Amigos de la Egiptología de Lorca. El avión que salió de Barcelona nos llevó hasta Aswan desde donde, después de ver la ciudad, nos embarcamos  en un crucero de cuatro días por el Lago Nasser en el "Príncipe Abbas". Íbamos recorriendo los templos rescatados de sus lugares de origen, posteriormente inundados por las aguas de la presa de Aswan. En el patio del templo del Wadi el Sabou  ya nos encontramos las primeras imágenes de Ramsés II en forma osiárica, con la barba vuelta hacia delante, que significa faraón muerto o un dios.
     Por fin llegamos a Abu Simbel para detenernos ante las cuatro enormes esculturas de Ramsés: Ramsés, sol de los monarcas; Ramsés, monarca de las dos tierras; Ramsés, amado de Amón y Ramsés, amado de Atón, de 20 metros de altura, mucho más que un canto al egocentrismo. Sobre la puerta, en la parte superior y bajo el friso de babuinos que saludan al sol naciente, una hornacina  cobija a Ra. Pero Ramsés está adorando su propio nombre utilizando la sílaba-signo del sol. En la primera sala interior vimos los relieves de sus hazañas militares, destacando la batalla de Qadesh, en la pared opuesta el faraón tomando una fortaleza siria y en el recóndito santa-sanctórum Ramsés como dios entre los dioses. Igual que ocurría en su lugar original -pues este templo fue salvado de las aguas de la presa- los días 20 de febrero y 20 de octubre la luz del sol al amanecer penetra hasta el interior del santuario. Al lado un templo menor está dedicado a  su esposa Nefertari, divinizada como la diosa Hathor, en cuya fachada aparecen seis estatuas colosales, las dos del centro y las dos de los extremos representan a Ramsés, las otras a su esposa Nefertari.

    
      Regresamos a Aswan en avión para un segundo crucero, este por el Nilo, de tres días, en el "Ramsés, King of Egypt" hasta Luxor. Otra vez nos volvimos a encontrar con el famoso faraón en el templo de la avenida de las esfinges. Aquí las ingentes estatuas de Ramsés están colocadas ante el gran pilono. Después de recorrer Karnak llegamos a El Cairo en avión y nos instalamos en el Hotel Pirámides, así llamado por su situación próxima a las famosas pirámides. Cuando las contemplaba pensaba ¿quién me iba a decir a mí cuando siendo adolescente desfilé en una carroza de pirámides vestida de egipcia que un día lejano yo, como Napoleón Bonaparte,  podría  decir que me contemplaban cuatro mil años de historia? Hicimos dos excursiones, a Sakkara y a Menfis. En la última nos reencontramos con Ramsés, esta vez en una estatua tumbada en el suelo. Dejo para otra ocasión el relato de los días que pasamos en la capital egipcia...